| Paraisos and Trips |
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Carolina Silva, editor-in-chief of Paraisos and Trips writes about her experience at Hotel Esencia.
Más que cumplir sobradamente cualquier expectativa, este pequeno refugio consigue conmover. El Esencia propone una vuelta de tuerca al concepto de lujo. Aire, agua, fuego y tierra son las mejores herramientas de su cocina y de su spa. El entorno y el servicio completan una experiencia inolvidable y casi mística. A terrizamos en el aeropuerto internacional de Cancún. Nos recibe una humedad del 90% que troca nuestro peinado apenas bajamos del avión. También nos espera un chico que sostiene un cartel con nuestros nombres. Será el encargado de conducir el shuttle privado que en una hora nos dejará en las costas de Xpu-Há donde está nuestro destino final: el Esencia. El calor aprieta al otro lado de las ventanas de un todoterreno de lujo que va dejando atrás decenas de señales con nombres de hoteles y resorts. Son esos, que junto con el codiciable entorno, han hecho de la Riviera Maya mexicana un destino irrepetible. Algunos tienen majestuosas entradas que acaparan las miradas a pie de autopista. Son más propias de un escenario de teatro que de un hotel, pero en esta costa hay vacaciones y espectáculos para todos los gustos. Como debe de ser. El sitio al que vamos es distinto, ni siquiera hace alarde de su ubicación y no nos damos cuenta de que hemos llegado hasta que el coche se mete por un pequeño camino de tierra y gravilla. Ahora sí, ahí está el puesto de control que asegura esa privacidad que por estos lares tiene precio y, un poco más allá, una pequeña recepción que sigue fielmente la arquitectura maya, con paredes de adobe y techos de palapa. Es ya de noche, por lo que el personal que nos recibe, sonrisa en ristre, evita formalismos innecesarios y sugiere que dejemos para mañana la visita a las distintas instalaciones del hotel. Pasaremos a conocer directamente nuestra habitación, cosa que requiere de una pequeña ruta en carrito de golf cruzando la espesura de una selva tropical que deja un estrecho camino de tierra entre medias. Es entonces cuando empezamos a ver dibujado un horizonte con casitas blancas donde pasaremos los siguientes días. El Esencia está perfectamente escondido entre la selva y la playa de Xpu-Há, algo que le permite mantener un cierto anonimato y provocar una sensación de exclusividad en sus huéspedes, que sienten estar en un rincón privilegiado del planeta. Y en realidad lo están. Esto fue la residencia de invierno de una duquesa italiana de apellido Ferrari que, armada de generosidad, decidió compartirla y la convirtió en un hotel por donde todavía se deja caer de cuando en cuando. El carrito se para y nos recibe una amable chica que nos conduce hasta nuestro refugio particular –una suite Garden con piscina en la terraza– por una vereda de piedra. Estamos tan entusiasmados que ni siquiera podemos prestar atención a todo lo que nos cuenta, nuestros ojos están bastante ocupados recopilando todo lo que antes ellos se presenta. Nuestra villa, como casi todas las categorías de alojamiento Garden, está oculta entre los exuberantes jardines tropicales que pueblan las más de veinte hectáreas de la propiedad, por lo que ligeramente podemos ver dibujada la silueta de la villa contigua que aloja a nuestros vecinos. La chica nos pregunta si necesitamos algo más, no debe ser la primera vez que ve dibujado el entusiasmo en el rostro de unos distraídos huéspedes, por lo que decide que descubramos nosotros mismos los detalles de la habitación, no sin antes hacernos hincapié en que estamos en medio de la selva y que tenemos a nuestra disposición repelentes químicos y naturales que evitarán que seamos cena para mosquitos. Nos recuerda también que estará al otro lado del teléfono, a cualquier hora, con sólo marcar el cero. La habitación es amplia, elegante a la par que sencilla, y tras cerciorarnos de todas las partes que la componen, nos percatamos de que nos espera una notita de bienvenida del manager del hotel, una cartita personalizada que detalla los servicios que hemos contratado junto a sugerencias para nuestra estancia, una botella de vino italiano y una bandeja de fruta fresca. Abrimos el vino, la ocasión lo merece, y seguimos descubriendo con la calma que requieren las vacaciones los tesoros de nuestra casa provisional. Está dotada de la mejor tecnología: televisión de plasma de 50”, reproductor de CD y DVD, estación para el iPod y, por si no hubiéramos traído nuestro propio reproductor musical, iPod nano con una cuidada selección musical donde figuran nombres como Miles Davis o Mozart. Del dormitorio, pasamos de nuevo al baño. A nuestra derecha, los dos lavabos, la bañera doble y una profusión de detalles donde destacan los jabones naturales de la firma mexicana Botanicus y los originales accesorios de madera (los colgadores de toallas son troncos naturales curvos). A la izquierda, el vestidor, el aseo, y la espaciosa ducha con suelos de caoba y dos regaderas de lluvia de enorme diámetro. Al final del baño, se abre la terraza, un encantador rincón con dos hamacas y una pequeña piscina donde probablemente pasemos grandes momentos. Es imposible renunciar al romanticismo en este maravilloso refugio. Notamos que hay un fuerte y agradable olor a canela. Descubrimos un quemador de esencias sobre la mesa de noche que separa las dos camas dobles del dormitorio. Junto a él, una coqueta notita dice: “Canela: tan antigua que quizás ni los más antiguos escritos puedan atestiguar. Dicen que es el puente no sólo entre lo dulce y lo salado, sino también entre el desamor y el amor”. El Esencia nos empieza a conmover y escasamente hemos pasado unas horas bajo su abrigo. Resulta fácil conciliar el sueño entre sábanas y edredones de algodón egipcio de 600 hilos, almohadones de pluma, y el peculiar silencio de una selva tropical que los animales sólo rompen ocasionalmente. De lo bien que descansa, uno madruga casi por inercia. Y siguen las sorpresas. En la terraza del dormitorio nos esperan termos con té, café, leche caliente y una cesta con bollería fresca casera que, aunque cubierta por tapetes, los pájaros han investigado tímidamente. El desayuno de cortesía nos estará esperando cada mañana de los siguientes días, junto a un discreto sobre que contiene un detalle de lo que hemos ido gastando durante nuestra estancia. No podemos esperar a conocer el resto del hotel y disfrutamos de un paseo entre una preciosa vegetación donde las iguanas reclaman que también están en su casa. El hotel presume de un cumplido respeto hacia la fauna y la flora local donde únicamente los mosquitos son víctimas de acciones ecológicas y controladas que intentan reducir su sociedad. Volvemos a desayunar en el restaurante junto a la piscina, es imposible renunciar a tremenda carta: es exquisita y variada, como la del almuerzo. Empezamos a entender que estamos en el paraíso cuando el personal, que aún no nos conoce, nos llama por nuestro nombre. El idilio se afianza Pasan las horas y las ganas de salir del Esencia brillan por su ausencia. Los días se suceden entre baños en la playa y en la piscina, piñas coladas y margaritas, sesiones de snorkel y hamaca, mucha hamaca. La lectura se disfruta como en pocos sitios. Alguna tarde tenemos cita en el Aroma Spa, un espacio circular donde no existen los rincones y ángulos para permitir el correcto flujo de energía. Todo está concebido según las tradiciones mayas y los ingredientes naturales de sus terapias provienen de un huerto propio dedicado a Ixel, la diosa de la fertilidad y de la Madre Naturaleza. Los terapistas lucen chicuetes, cinturones tejidos a mano que les protegen de la maldad y la enfermedad, y elaboran a mano los remedios que van a aplicar en una pequeña cocina. Masaje refrescante de pepino y aloe vera, energético de lima, estimulante de cacao… hay una apetecible carta donde elegir, aunque casi todos los tratamientos (que ellos llaman rituales) se personalizan de alguna manera. Antes, nos purifican la energía con hierbas quemadas frente a un altar maya, después, tras invitarnos a pasar a un jacuzzi privado y traernos una infusión de hierbas y miel, nos dejan disfrutar del momento. Por las noches, nos entregamos a nuevos sabores en el restaurante Sal y Fuego, especializado en cocina yucateca y mesoamericana con una bodega que marida cada uno de sus platos, aunque nunca falta en nuestra mesa la suave y delicada sopa de lima. Durante nuestra estancia tenemos la sensación de haber sido invitados por la misma duquesa a disfrutar de unos días en su casa, colmados de las mismas atenciones y discreción que ella hubiera querido para sí misma. Y llega nuestra última noche. El olor de la menta emana del quemador que cada día nos ha regalado un aroma distinto. La notita “placentera, refrescante, relajante, reanimante… como el estado perfecto” resume sin intención lo que estos días nos han deparado. Una experiencia única, inspirada por la esencia de la vida. |
Esencia is a luxury hotel estate along the Mayan Riviera's best beach just 20 minutes south of Mayakoba, Playa del Carmen and 20 minutes in Mexico.